Cecconi, Jose Mario (1894-1973)

Collivadino, Pio (1869-1945)
20 January, 2013
Cataldo, Jose Valencio (1903-1989)
10 December, 2013

Cecconi, Jose Mario (1894-1973)

s/t (Riachuelo)

s/t, 1933. Dedicado a Orlando Stagnaro

Nacido en Capolivieri, Isla de Elba, provincia de Livorno, Italia el 29 de julio de 1894 y fallecido en Buenos Aires el 7 de febrero de 1973. Cecconi fue uno más de los miles que, aún niño, bajó de los barcos en los brazos de sus padres que venían de Italia. Se radicó con su familia en Lanús en 1895. Estudió dibujo con Santiago Stagnaro, y se formó por sí solo como grabador. Aún joven e introvertido, se integró al grupo El Bermellón de La Boca. Realizó más de cincuenta muestras individuales en espacios de arte de Argentina. Expuso en China, México y Guatemala. Maestro del grabado, Cecconi, vivió sumergido en su fecundo mundo de imágenes, inclinado sobre su trabajo con pasión. Sólo interrumpiendo por momentos su labor, para valorar en un cuadernillo que siempre lleva a mano, algunos pensamientos filosóficos que dicen de su precioso caudal espiritual. Participó en el Salón Nacional desde 1922, y en otros salones provinciales y municipales. Expuso su obra individualmente en el Teatro del Pueblo en los años 1941, 1942 y 1944; en la Peña de Lomas de Zamora en 1942; Gente de Arte en 1950 y en el Banco Municipal en 1953, entre otras. Figuró en el Salón Nacional en los años 1922, 1929, 1937, 1939, 1940, 1942, 1944 y de 1946 al 1956 y de 1958 a 1960; y en salones provinciales, municipales y en otras muestras de índole diversa. Obtuvo Primer Premio en una Exposición en el Racing Club. Premio Unico para Extranjeros de Grabado en el Salón Nacional de 1948. Primer Premio en el Salón de Bahía Blanca en 1950. Primer Premio de Grabado en el Salón de Lanús en 1968, entre otros. Ilustró libros como El Barco en la Botella de Leónidas Barletta editado en 1945, e Historia de Perros, del mismo autor, que incluye quince xilografías de su autoría. Pintor, grabador e ilustrador, se expresó por medio de la línea tradicionalista. Liberado de influencias académicas proyectó sus imágenes con intuitiva originalidad. Su temática constituyó un permanente homenaje a las ciudades de la ribera del Río de La Plata, como La Boca, Dock Sud, Barracas y Avellaneda. La humildad de sus motivos transporta a un mundo plácido donde lo cotidiano desfila con honda dimensión poética y seduce por su espíritu de espontánea sinceridad. Imágenes que antes de ser concebidas por el artista, lo fueron por el Cecconi niño. Su infancia transcurrió en La Boca, donde deambulaba por esas calles y descubrió su América. Casas de zinc, cantinas, bodegones, la brisa que lo atrae al Riachuelo, que lo cautiva con la dinámica de su tráfico laboral, la melancolía de su quieto velamen y la nostalgia de un acordeón y su canzonetta. Creció en Avellaneda recibiendo las impresiones de la gente y los paisajes del Docke y la Isla Maciel que luego plasmaría en tela, papel, linóleo, metal y madera. En sus inicios pintó con acuarela atraído por su transparencia y espontaneidad. Luego trabajó óleo para pasar a la xilografía. Leónidas Barletta escribió: Cecconi, artista, para llevar el pan a su familia a las tres daba fin a la bohemia, con el lucero, añil de la mañana y a las cinco, al trabajo con la aurora, en el taller oscuro y crepitante. Un puñado de estopa en las manos grasientas, en los labios delgados una enigmática sonrisa de obrero y artista. Es tan pobre como el primer día, en que don Pío Collivadino le discutió el contorno de una pera. Veo a Cecconi proletario con su perro y su loro y su caja de pomos, y a la pobre señora renegando por el olor a tinta del rodillo de entintar, y sacar copias a dedo del grabado en peral o palo santo. Se trata de uno más de esos forjadores, casi anónimos, casi abandonados por la memoria, que han dado imágenes, metáforas y realidades que alguna vez fueron un ícono de este territorio: las fábricas, el Riachuelo, las calles empedradas. En una obra que conmueve, sincera, primitiva, penetrante como todo lo que vive y palpita, y nunca muere, concluye su cantata el memorable Barletta. Diccionario de Artistas Plásticos de Argentina de Adrián Merlino, Edición del Autor, Buenos Aires 1954. Gente de arte de Gioconda de Zabatta, Asociación Gente de Arte de Avellaneda, Buenos Aires 1984. Su perfil desaliñado, su rostro rugoso y fláccido, los anteojos sobre una nariz filosa y en su boca la clásica pipa. Todo le pertenecía. Sonreía con la humildad del pensador, del trabajador manual, del creativo-obrero que pintaba, o grababa sobre metal o madera, o ilustraba poesías de sus amigos en aquellos años de los ’50 a los ’60, cuando su figura se mostraba familiar en los actos de Gente de Arte en Avellaneda o Impulso en la Boca. “Crece y se hace mozo en Avellaneda –comenta Gioconda de Zábatta- recibiendo las impresiones de la gente y el paisaje del Dock Sud e Isla Maciel, que más tarde debía plasmar en la tela, papel, linóleo, madera, metal”. José Mario Cecconi fue uno más de los miles que, aún niño, bajó de los barcos en los brazos de sus padres que venían de Italia. Se radicó con su familia en Lanús, cuando este distrito pertenecía a nuestra ciudad. Más adelante, luego de estudiar pintura con Santiago Stagnaro, se formó por sí solo como grabador. Aún joven e introvertido, se integra al grupo Bermellón, junto a José L. Menghi y otros artistas. Es un trabajador que Gioconda define como un maestro del grabado y “vive sumergido en su fecundo mundo de imágenes, inclinado sobre su trabajo con pasión. Sólo interrumpiendo por momentos su labor, para valorar en un cuadernillo –que siempre lleva a mano- algunos pensamientos filosóficos que dicen de su precioso caudal espiritual”. Enseguida este hijo de inmigrantes, “laburante” en diferentes oficios, logra cautivar a escritores y poetas, a los artistas plásticos que lo conocen más allá de sus obras, y a los jóvenes de entonces que descubren en sus acuarelas primero, en sus óleos después y en los xilografías y aguafuertes de su edad madura al Cecconi que retoma el perfil lúcido de un Facio Hébequer o de Pío Collivadino. Por esa seducción, el poeta Germán Berdiales le dedica algunas de sus poesías en su libro “Nuevo y viejo libro de mis amigos”. Cecconi se sorprende luego cuando el poeta Alfonso Alcaide publica en un diario de Lanús un poema también dedicado al artista. El crítico Eduardo Baliari, por su lado, lo describe como un artista que “encuentra una manera de comunicarse con el espectador, humilde, profunda, humana”. Pero esta admiración de los hombres de la literatura hace eclosión con la “cantata” que el escritor y periodista Leónidas Barletta le dedica y fue publicada por la Editorial Metrópolis con el título “Cecconi, todo el Riachuelo” completando una enunciación de miradas e imágenes sobre este hombre humilde, artista “pobre” y “proletario”. “Era el tiempo del Hombre –dice Barletta- cuando un artista / antes de rebajar su arte por dinero / se hacía proletario. / Así, Cecconi, artista / para llevar el pan a su familia / a las tres daba fin a la bohemia / con el lucero añil de la mañana / y a las cinco, al trabajo con la aurora, / en el taller oscuro y crepitante. / Un puñado de estopa / en las manos grasientas / y en los labios delgados / una enigmática sonrisa / de obrero y artista.”

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  1. Roberto Rodriguez dice:

    Nacido en Capolivieri, Isla de Elba, provincia de Livorno, Italia el 29 de julio de 1894 y fallecido en Buenos Aires el 7 de febrero de 1973. Cecconi fue uno más de los miles que, aún niño, bajó de los barcos en los brazos de sus padres que venían de Italia. Se radicó con su familia en Lanús en 1895. Estudió dibujo con Santiago Stagnaro, y se formó por sí solo como grabador. Aún joven e introvertido, se integró al grupo El Bermellón de La Boca. Realizó más de cincuenta muestras individuales en espacios de arte de Argentina. Expuso en China, México y Guatemala. Maestro del grabado, Cecconi, vivió sumergido en su fecundo mundo de imágenes, inclinado sobre su trabajo con pasión. Sólo interrumpiendo por momentos su labor, para valorar en un cuadernillo que siempre lleva a mano, algunos pensamientos filosóficos que dicen de su precioso caudal espiritual. Participó en el Salón Nacional desde 1922, y en otros salones provinciales y municipales. Expuso su obra individualmente en el Teatro del Pueblo en los años 1941, 1942 y 1944; en la Peña de Lomas de Zamora en 1942; Gente de Arte en 1950 y en el Banco Municipal en 1953, entre otras. Figuró en el Salón Nacional en los años 1922, 1929, 1937, 1939, 1940, 1942, 1944 y de 1946 al 1956 y de 1958 a 1960; y en salones provinciales, municipales y en otras muestras de índole diversa. Obtuvo Primer Premio en una Exposición en el Racing Club. Premio Unico para Extranjeros de Grabado en el Salón Nacional de 1948. Primer Premio en el Salón de Bahía Blanca en 1950. Primer Premio de Grabado en el Salón de Lanús en 1968, entre otros. Ilustró libros como El Barco en la Botella de Leónidas Barletta editado en 1945, e Historia de Perros, del mismo autor, que incluye quince xilografías de su autoría. Pintor, grabador e ilustrador, se expresó por medio de la línea tradicionalista. Liberado de influencias académicas proyectó sus imágenes con intuitiva originalidad. Su temática constituyó un permanente homenaje a las ciudades de la ribera del Río de La Plata, como La Boca, Dock Sud, Barracas y Avellaneda. La humildad de sus motivos transporta a un mundo plácido donde lo cotidiano desfila con honda dimensión poética y seduce por su espíritu de espontánea sinceridad. Imágenes que antes de ser concebidas por el artista, lo fueron por el Cecconi niño. Su infancia transcurrió en La Boca, donde deambulaba por esas calles y descubrió su América. Casas de zinc, cantinas, bodegones, la brisa que lo atrae al Riachuelo, que lo cautiva con la dinámica de su tráfico laboral, la melancolía de su quieto velamen y la nostalgia de un acordeón y su canzonetta. Creció en Avellaneda recibiendo las impresiones de la gente y los paisajes del Docke y la Isla Maciel que luego plasmaría en tela, papel, linóleo, metal y madera. En sus inicios pintó con acuarela atraído por su transparencia y espontaneidad. Luego trabajó óleo para pasar a la xilografía. Leónidas Barletta escribió: Cecconi, artista, para llevar el pan a su familia a las tres daba fin a la bohemia, con el lucero, añil de la mañana y a las cinco, al trabajo con la aurora, en el taller oscuro y crepitante. Un puñado de estopa en las manos grasientas, en los labios delgados una enigmática sonrisa de obrero y artista. Es tan pobre como el primer día, en que don Pío Collivadino le discutió el contorno de una pera. Veo a Cecconi proletario con su perro y su loro y su caja de pomos, y a la pobre señora renegando por el olor a tinta del rodillo de entintar, y sacar copias a dedo del grabado en peral o palo santo. Se trata de uno más de esos forjadores, casi anónimos, casi abandonados por la memoria, que han dado imágenes, metáforas y realidades que alguna vez fueron un ícono de este territorio: las fábricas, el Riachuelo, las calles empedradas. En una obra que conmueve, sincera, primitiva, penetrante como todo lo que vive y palpita, y nunca muere, concluye su cantata el memorable Barletta. Diccionario de Artistas Plásticos de Argentina de Adrián Merlino, Edición del Autor, Buenos Aires 1954. Gente de arte de Gioconda de Zabatta, Asociación Gente de Arte de Avellaneda, Buenos Aires 1984.

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