Facio Hebequer, Guillermo (1889-1935)

Facchini, Pedro (1923)
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Escuela Técnica de Artes Gráficas Nº 31 Maestro Quinquela (1950)
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Facio Hebequer, Guillermo (1889-1935)

Apunte del refugio

MATERNIDAD, ca 1920 (grafito sobre papel, reproducido en el libro "Las exigencia del arte de Rafael Squirru") y en el libro "Quinquela" de Ignacio Gutierrez Zaldivar.

La Nacido en Montevideo el 08 de Noviembre de 1889 y fallecido en Buenos Aires el 28 de abril de 1935. Tuvo origen en un hogar acomodado, pero creció como artista en Buenos Aires, donde despertó su vocación cuando en la Boca conoció a algunos artistas dedicados a pintar la vida proletaria, al mismo tiempo que ponían su arte al servicio de las luchas obreras. Con ellos, Facio compartió un taller situado en la esquina de Pedro de Mendoza y Patricios, y luego otro en Rioja 1745, en el barrio de Parque Patricios. Junto con sus amigos Abraham Vigo, José Arato, Santiago Palazzo y el escultor Agustín Riganelli fundó la agrupación Los Artistas del Pueblo. En distintos lugares del sur de la ciudad de Buenos Aires ellos se juntaban para trabajar, tomar vino o hablar, con pintores como Benito Quinquela Martín, grabadores como Adolfo Bellocq y los tangueros Enrique Santos Discépolo y Juan de Dios Filiberto. Sobre esta bohemia, Facio Hebequer cuenta en sus memorias inéditas que habitábamos en los mismos casuchones sucios e inhospitalarios y comíamos en los mismos fisgones inmundos, allí entre los obreros, sentí por primera vez la vergüenza de no ser más que un intelectual. En los manuales de arte argentino, Facio es destacado como un artista social en una época marcada por la fuerte penetración de las oleadas revolucionarias europeas que en la Argentina se tradujeron en represión antiobrera como la Semana Trágica en 1919, huelgas y matanzas en la Patagonia en 1921, y en el golpe militar en 1930. Mientras Facio en su obra gráfica rastrea en los márgenes de la sociedad un paisaje humano conformado por los vencidos y los expulsados; los desechos humanos son el símbolo de las relaciones de poder. Señala Roberto Arlt: Si usted visita la casa de Facio Hebequer, que es una casa abierta para todo el mundo, y más todavía para los atorrantes, porque en el fondo de su casa tiene un ranchito para hospedarlos, se cae de espaldas al ver la colección de apuntes de atorrantes que ha hecho este aguafuertista. El barro que Facio recogía en los andurriales porteños se transmutaba en un arte que contenía la acritud social de Goya pero también la densa humanidad de Rembrandt, justamente los dos mayores aguafuertistas que han existido. Hacia 1927, deja el aguafuerte por el litograbado debido a los problemas que el uso de ácidos le causaba en la vista. Era un artista rechazado por las instituciones estéticas y culturales, por ello, Facio y sus colegas fundaron el Salón de los Recusados en 1914, donde expusieron sus obras, que los jurados complacientes mantenían fuera de los salones oficiales, y en 1918 el Primer Salón de Independientes sin Jurados ni Premios. En sus memorias se deja llevar por la alegría de narrar y reconstruye por escrito la materia de su obra gráfica: su fascinación por el secreto que esconden esos rostros y cuerpos sucios, a veces deformes, a los que asedia, dibujándolos incansablemente, descomponiéndolos en bocetos, como un niño que desarma un juguete para entender su magia, cuerpos y rostros a los que se acerca con una caridad que no excluye la curiosidad a veces cruel y siempre insaciable. Facio, en algunos desarrollos compositivos de sus obras, sobre todo en la serie de litografías Buenos Aires, elaborada en los años treinta, despliega ciertos temas como la calle Corrientes, el Paseo de Julio, la Quema, la Chacarita, con una estructura narrativa, fragmentando la obra en múltiples elementos, a la manera de un fresco o un encadenamiento de escenas que acosan el tema central y unificador como capítulos de una saga, un procedimiento que quizá tomó de Kate Kollwitz pero que en todo caso lo acercó al vasto fresco urbano que integran las Aguafuertes porteñas. Algunos de los trabajos de esa serie, por ejemplo el titulado Calle Corrientes, la calle vagabunda, enciende a las siete de la tarde todos sus letreros luminosos, y enguirnaldada de rectángulos verdes, rojos y azules, lanza a las murallas blancas sus reflejos de azul de metileno, sus amarillos de ácido pícrico, como el glorioso desafío de un pirotécnico. Los trabajos de la serie Buenos Aires, tienen un desarrollo lineal y se suceden sobre un eje horizontal que a veces se hace oblicuo o temático. Este tipo de composición recuerda a los cuadros de Georg Grosz, esas feroces radiografías de la Alemania prehitleriana. En Grosz, al que Facio conocía y admiraba como dibujante, hay un sarcasmo que en Facio se resuelve en una emoción ausente en la obra del artista berlinés. La descomposición de los campos narrativos tradicionales como registro del calidoscopio urbano, que Facio integró a su obra, está presente en grandes escritores que toman a la ciudad como motivo novelesco por excelencia del siglo veinte: Dos Passos, Joyce, Doblin, Marechal, Arlt. La obra de Guillermo Facio Hebequer se compone de óleos, aguafuertes, litografías y dibujos. Entre las revistas y diarios que ilustró se cuentan Contra, La Montaña, La Protesta, La Nación y La Prensa. Para no depender económicamente de su producción artística, Facio trabajaba en la casa de remates Bullrich. En los últimos años de su vida estuvo unido sentimentalmente a la actriz Yola Grete. Murió en Vicente López el 28 de abril de 1935. Ese mismo año se realizó una gran retrospectiva de su obra en el Concejo Deliberante. La Academia de Bellas Artes creó en 1967 un Premio de Grabado con su nombre. Alvaro Abos. Fundación Osde.

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